LA HUERFANITA

Pepita era una niña graciosa, que tuvo la mala suerte de perder a sus padres cuando apenas contaba ocho años.

Quedó al cuidado de una tía suya; pero ésta era muy pobre, y la niña tenía que ayudar a los oficios de la casa.

Privada de todo diversión, su único placer lo encontraba en salir a la huerta todas las tardes, a ver pasar los soldados que regresaban de hacer sus ejercicios militares.

Agitábase su corazón repleto de la alegría al oír el rata-plan-plen-plin de los tambores, que ella repetía gozosa.

Llegó el día de Navidad, bullicioso y alegre para todos los corazones, menos para el de Pepita, que veía pasar con igualdad monótona todos los días del año; pero, en esta fecha, su tía le permitió visitar las vitrinas y kioscos que lucían ricos y variados juguetes, ante los cuales se aglomeraban muchas personas. Pepita se quedó perpleja al ver una primorosa muñeca de gluten que le sonreía.

Todo su anhelo era poseer la muñeca; y, pensando así, resolvió implorar una limosna de las personas que salían de la iglesia. Como ya era de noche y hacía un frío glacial, la pobre niña, extenuada por el hambre y el cansancio, se quedó dormida soñando que abrazaba su muñeca.

Mientras los niños ricos recibían los regalos que les traía el Niño Jesús, los ángeles sacaron del cuerpecito frío de Pepita su alma pura y la llevaron a la gloria.

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